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lunes, 26 de mayo de 2014

CASAS QUE NO SON PARA VIVIR.




LAS CASAS DE LOS MULTIMILLONARIOS


A lo largo de mi carrera (van 44 años de profesión) son muchas las casas que construí, reformé y/o adapté.


Nunca me tocó lamentablemente hacer una para un multimillonario, pero si estudié varias y son muchas las coincidencias en esta franja del diseño.

Todas tienen enormes superficies. Unas fachadas a veces neoclásicas, a veces modernas de cristales, pero siempre rimbombantes tendiendo a espectaculares. Esas fachadas que impactan sólo verlas.

Con una  cantidad de dormitorios y baños más cercanos a un hotel que a una vivienda. Parques, jardines y hasta zoológicos enmarcando su alrededor.


Dimensiones desproporcionadas en casi todos los ambientes. Enormes comedores, cuartos dormitorio con vestidores. Baños sobredimensionados hasta la estupidez. Lujo, mármoles, cristales, aceros inoxidables, estanterías para poner el resultado de sus viajes por sitios recónditos.



Casa para la foto o casa para vivir, simplemente
Para algunos, la casa es un elemento más de su currículo y publicidad como ente productivo que se consideran ante la sociedad. Importa muchísimo la fachada que denote una posición de privilegio que poseen en el mundo económico. Entonces se generan espacios que muestren palmariamente el lujo, el desahogo, la excelente posición de dinero y si es posible…hasta el buen gusto. 

Esto se consigue pocas veces, porque para un interiorista, hacer un comedor para 50 personas es una tarea bastante difícil, dado que el comensal ubicado en una punta de la mesa, difícilmente vea quién está en la otra punta…


Me pregunto, además de la exhibición, qué lleva a los propietarios a encargar estos “elefantes Blancos”. Porque no es (ni será nunca) un “hogar” entendido como el sitio donde se vive, donde crece la familia, la mujer, el marido, los hijos, los amigos de unos y otros.


Qué lleva a una persona a tener una superficie que jamás podrá ni usar ni considerar como su “casa”?. Porque en la mayoría de los casos lo que se consigue, es más parecido a un club que a un hogar normal. 

Se de historias de esta gente tan millonaria que al vender la casa que mandó construir, no recuerda haber pasado, visto o usado algunos sitios y habitaciones de una buena parte de su casa. Ni conocerlos!


Todos sabemos, en especial los que tenemos hijos, que éstos terminan dejando nuestra casa y armando las suyas con sus nuevas familias de elección.


Entonces los dueños de la casa “elefante” empiezan a notar que sobran habitaciones porque los hijos ya no están y sus amigos no vienen a casa más. 
Pero el vacío que debe sentirse cuando te ves con tu pareja en ese conjunto inmenso de lugares que ni visitas en meses; que te traen recuerdos de cuando estaban todos los de la familia, empieza a pesarte a niveles, supongo, angustiantes.


Al cabo de un tiempo, terminan vendiéndolas y los nuevos propietarios, luego de una reforma impresionante para "adecuarlas" repiten la historia. 

Creo que siempre hay que intentar tener un equilibrio y que una vivienda con 14 dormitorios, 18 baños, escritorio u oficina para el dueño, parque, bodega, discoteca, cine, pista de baile, billar y bar, parking cerrado para 7 coches…están muy bien para alquilarla durante una vacaciones pintorescas, pero jamás para vivir.


Prueba de ello son los infinitos castillos convertidos en hoteles, o paradores a lo largo de la geografía europea o esas casas “para la foto” de actrices y actores de Hollywood que se convierte en un set de filmación o convertidas en un lugar  para la visita de los turistas que entre Ohhhhh!, Ahhhhhh! fotos y otras exclamaciones pasan a formar parte de la curiosidad más que de la arquitectura. Recordar solo la casa de Elvis Presley...o la de Michael Jackson.


Nacidos ya como gigantes inútiles, terminan reconvirtiéndose en eso. En un hecho turístico; en un imán de visitantes entran, pagan la entrada y luego se van; o en otras reconvertidas donde pueden estar una semana o un par de días, y quedan asombrados por la magnificencia del sitio y luego se vuelven, a vivir felices en su apartamento de 94m2 con sus plantitas en el balcón, sus 3 o 4 dormitorios, sus 2 baños (uno grande) que es el lugar donde seguramente vivirán hasta que se vayan de gira…de esa de la que no vuelves.


Porque ese es un hogar, tú casa. La que puedes mantener y recibir a tus parejas de amigos, sin estridencias. Esa que tiene la mesa del comedor, donde todos se ven y pueden hablar, pasarse la bebida y reirse. 

Aunque ya los chicos no estén y uses sus habitaciones para tu nuevo escritorio u oficina “at home”.


Sé que esta reflexión caerá muy posiblemente en saco roto y no servirá para nada. Porque los millonarios seguirán encargando casas “de cine” y nosotros, los arquitectos deberemos responder a ese deseo, generando lenguajes que difícilmente nos gusten, inventando espacios para generar más superficie ocupada, y sobre todo que denoten la importancia del propietario.


Ninguno de nosotros, Arquitectos con Despacho, secretaria y delineante/s, se negará a hacer estos mastodónticos “elefantes blancos”; más faltaría…

Pero en un rincón de nuestro corazón, reflexionaremos de la inutilidad absoluta de estos contenedores de prestigio donde sabemos que nunca habrá ni el espíritu ni el calor de una casa; porque lo que construimos no es una casa; será un balance económico y financiero  de la posición del Propietario, con forma de vivienda, y que servirá solo o fundamentalmente como manifestación de riqueza.


Será más o menos como una manifestación de bienes, que en vez de papel estará construido con paredes y techos a la vista de todos. Eso sí de súper lujo y fundamentalmente para que se note que costaron una fortuna.


Pero de ahí a una casa…hay un mundo de m2, soledad y distancia.


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