domingo, 17 de noviembre de 2013

EL RATÓN MELANCÓLICO.






LA MELANCOLÍA Y EL RATÓN.



No era fácil. Cuando empecé la Facultad de Arquitectura en Buenos Aires, año 1962, había que dibujar en lápiz, luego en tinta y para los planos en un papel transparente que se denominaba “calco”. Este tenía la duración que te daba el gramaje. Si tenías padres pudientes, comprabas el de 80 o el de 120grs. Si tus padres no estaban en esa característica, el tuyo era el de 60grs.

Era un papel para equivocarse poco…porque no resistía muchas borradas que se realizaban con hojitas de afeitar. Será por eso que decidí que la mejor manera de no tener que hacer dos veces un plano…era pensar bien cada raya, cada rótulo, en fin cada imagen que luego compondría el plano de la materia. No me fue mal. Mis planos eran (y son) claros y entendibles.

El dibujo, no es más que un lenguaje de transmisión de ideas. Si piensas bien, si tienes las ideas claras, el dibujo saldrá igual: claro, representativo de lo que pensaste o imaginaste. No hay más misterios.
Será, imagino, como una partitura musical, que si tienes las melodías sonando bien en tu cerebro, traspasarlas al pentagrama será sencillo.
El diabólico tiralíneas...

Con el tiempo los instrumentos de dibujo se fueron ampliando. En vez del tiralíneas (instrumento maldito), tuvimos lapiceras graduadas con los distintos espesores que necesitábamos para dibujar. Les decíamos “puntas”. No recuerdo bien las marcas, pero yo usaba en general las Rötring o Staëdler.


La más gruesa era la 1.2 para borde de paredes y de ese número se iba bajando, la 08, 06, 04, 03, 02 (tal vez la más usada), y la 01 (infrecuente por la debilidad de su punta). La técnica era dibujar con puntas delgadas (siempre con la 0.2) y luego reforzar lo que sería más cercano, con las puntas más gruesas.


Las puntas de dibujo que "mataron" al tiralíneas.
A veces compartíamos el uso de las puntas de dibujo para escribir y tomar apuntes y ahí, la recomendada, era la 04. Tenía el trazo de una lapicera normal. Siempre, en todo equipo de dibujo teníamos un tanque de tinta china que era el encargado de rellenar los envases transparentes de nuestras trajinadas puntas.
Con eso conseguíamos casi siempre, tapar y deteriorar esa punta que había que cambiarla para desesperación de nuestro presupuesto, porque costaban mucho y el dinero no sobraba...

Un ritual semanal, era el viernes a la tarde, poner todas las puntas en un frasco de vidrio con líquido limpiador, en general era agua con gotas de detergente. Eso sí, guardábamos los sobrantes de las tintas en el envase de tinta de repuesto, no sea cosa que se perdiera una gota…Cuando terminaba el curso anual, la limpieza era más profunda: incluía un baño luego de limpiarlas y secarlas, en alcohol puro! Eso casi, casi significaba que venían las vacaciones.

Pero esto, sucedía en los primeros tres años de carrera. A partir del cuarto, ya se conseguía algún trabajito y a trajinar con las puntas, haciendo proyectos para gente que nos mal pagaban, por muchas horas de faena, pero que siempre agradecí las oportunidades que me dieron para ya trabajar en obras concretas y no en proyectos ficticios de la Facultad. Así, hacía proyectos de edificios, fachadas, locales, y perspectivas que dominábamos realmente y por lo cual, ahí sí, cobrábamos buen dinero!

Estas instrumentaciones con los años cambiaron. Tuvimos que reciclarnos y entrar en el mágico mundo de la informática. Al inicio con desconfianza, luego con sorpresa y finalmente con admiración absoluta.

Hasta que apareció el ratón! Y los programas informáticos. Tuvimos que deshacernos de la mesa de dibujo, compañera de noches y noches de entregas y exámenes.
 
No era ya necesario computar superficies. Al terminar el plano con el CAD tenías la información. Si te equivocabas ya a la Gillette no la buscábamos más…sólo era necesario con el ratón modificar el error; el resto se acomodaba sólo. Si la letra de cualquier parte deseabas aumentarla…dos toques de ratón y listo. Si querías agregar una ventana, tenías 80 para elegir…Y todo así. 

Si hay algún melancólico leyendo esto, podrá decir, yo viví esa época “heroica” del papel que se rasgaba cuando corregías; de los cálculos interminables, del miedo a equivocarse, de la mancha de café en el papel, del punto de fuga...

El ratón, "asesinó" todos los instrumentos de dibujo.

Y también deberá reconocer la ayuda inapreciable que estas herramientas ayudaron en la parte operativa de nuestra profesión. 

La profesión perdió romanticismo, de acuerdo, PERO CÓMO GANÓ EN COMODIDAD!!

Nota: Luego de este post, queda perfectamente en claro, que soy un pedazo de historia antigua!

Hasta el próximo!.

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