EMPLEADO o AUTÓNOMO
La duda es
una constante que se produce muchas veces a lo largo de la vida de ambos.
El Autónomo y el Empleado. Ambas formas
son una elección.
El que nació para autónomo mira a los
empleados casi desde arriba, cuando tiene mucho trabajo y el empleado lo hace cuando sabe que el autónomo está sin faena…
Es una
especie de lucha eterna en el tiempo,
y que no terminará jamás.
Otros
comentan que esta lucha es como en el metro o el matrimonio: los que están
fuera quieren entrar y los de adentro quieren salir.
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Procesión figurada del Cristo de los Pudientes! |
El empleado, secretamente, envidia y admira
que el autónomo tenga la libertad de elegir, no tenga jefe que le ordene nada.
Que se fije sus horarios.
El autónomo, secretamente, envidia la
“seguridad” que tiene el empleado que a fin de mes recibe sus 14 sueldos, hayan
ido las cosas bien o mal.
El empleado tiene que hacer gambetas al jefe
para que no lo llene de trabajos. El autónomo, gambetea día a día a la
realidad, y ruega para “enganchar” el cliente que le de tranquilidad.
En el caso cercano a los Arquitectos (yo lo soy):
para los Autónomos, tener un Cliente
excelente (sea particular o el Estado) puede significar haber arreglado su
vida por toda su existencia. No quiero dar ningún nombre pero si me apuran diré
las iniciales de uno sólo: “empieza con Cala
y termina con trava.”
A los Arquitectos empleados no les
sucede esto. Sólo ruegan porque no les falte trabajo al Despacho donde
trabajan. Pero el ruego es parecido. Es en realidad, el mismo.
Se trata de
no quedar en ambos casos fuera de la “Sagrada
Hermandad de la Virgen de los Clientes Pudientes…”
y que su manto te proteja en tus años fértiles…
Los autónomos pasan por situaciones como las
siguientes. Mucho trabajo, euforia. Poco o
ningún trabajo: depresión.
Están siempre
como un equilibrista y/o un cazador, a la búsqueda de un proyecto o una obra más. Y cuando el tema
no les funciona, es ahí cuando le dan ganas de emplearse. Y hasta a veces lo
hacen. Al menos durante un tiempo, hasta que un viejo contacto, le dice: -Oye; ven
que hay esta oportunidad!. Ahí revive! Planta la relación de dependencia y
vuelve a la lid.
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Nos pasamos la vida intentando estar en equilibrio! |
El empleado pasa por constantes sentimientos
de abandono, de cuasi depresión, por hacer obras que no son de su estilo y por
no tener la libertad que cree tiene el autónomo. Piensa que tiene mala suerte
que no le reconocen ni su esfuerzo ni su conocimiento. Sólo se alegra, cuando
se encuentra con compañeros de Universidad que le cuentan las penurias, los
esfuerzos que hacen por encontrar un lugar, un Cliente, por sobrevivir; y lo
difícil de llevar que es la libertad! Pero tiene siempre el sambenito que lo
pueden dejar de patitas en la calle…
Con estas líneas no pretendo elevar a los altares
ni a empleados ni a los autónomos. Sólo deseo comentar que la mayor parte de mi
vida he sido autónomo, y que conozco perfectamente de qué hablo. No se trata ni
de elevar, ni de bajar a nadie. Simplemente que haya sitio (y debe haberlo)
para ambos.
Aunque
ahora, en estos años, y en Europa, visto lo sucedido desde el 2006 hasta el 2014 (y no se sabe cuántos quedan...), el mejor sitio
que se puede encontrar en el futuro próximo es en un avión que te lleve a Alemania, Brasil, Dubái, Quatar,
etc.
Donde encontrarás trabajo seguro. De empleado
o de autónomo.
Tú eliges.
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Descarnado pero cierto. España está para nosotros (los arquitectos) en un túnel donde han apagado la luz, cortado el aire, y cerrado la salida. Falta poco para mandar la profesión a la mier... disculpa la palabra y pensar en otras salidas.
ResponderEliminarEn Argentina había un capo-cómico que se llamaba Alberto Olmedo. Un verdader genio. Acuño un lema que él decía : "Siempre que llovió, paró".
EliminarTal vez dentro de poco haya parado la crisis y volvamos a tener buenos tiempos. Lo quwe no podemos permitirnos es bajar los brazos. Saludos